El mandato de Jesús para sus seguidores es hacer discípulos. Para ello, necesitamos compartir a Cristo con las personas. Esto significa transmitir Su vida, Sus enseñanzas y Sus propósitos para la humanidad. ¿En qué nos fundamentamos para cumplir esta misión? En Su Palabra. Un ejemplo claro de la centralidad de la Biblia en el proceso de discipulado se encuentra en Hechos 8:26-40. En este pasaje, un etíope de alto rango en el Gobierno de su país regresaba de Jerusalén con un manuscrito del libro de Isaías. Con hambre de conocer a Dios, leía el texto bíblico mientras viajaba.
Felipe, un ferviente evangelista que se encontraba en Samaria, recibió instrucciones divinas para tomar la misma ruta que el etíope. Al encontrarse con él y descubrir su interés en la Palabra de Dios, Felipe lo guio en la comprensión del texto y le anunció las buenas nuevas de Jesús: “Entonces Felipe, comenzando con ese mismo pasaje de la Escritura, le anunció las buenas noticias acerca de Jesús” (Hch 8:35, NVI).
La Palabra de Dios tocó profundamente la mente y el corazón de este hombre, quien buscaba sentido para su vida. Aceptó a Cristo como su Salvador, fue bautizado y regresó a su país como misionero.
Elena G. de White comenta sobre este encuentro:
“En el caso de Felipe y el etíope se presenta la obra a la cual el Señor llama a su pueblo. El etíope representa a una numerosa clase de personas que necesita misioneros como Felipe, misioneros que escuchen la voz de Dios y vayan donde Él los envíe. Hay en el mundo quienes leen las Escrituras, pero no pueden entender su significado. Se necesitan, pues, hombres y mujeres que conozcan a Dios para explicar la Palabra a estas almas” (Servicio cristiano, 177).
Esta es exactamente la obra que el Señor desea que realicemos como discípulos de Jesús. Por eso, estudia este manual con atención y oración. Ha sido preparado precisamente para ayudarte a compartir la Palabra de Dios de la mejor manera posible, a fin de que experimentes la profunda alegría de testificar de Cristo y Su Palabra, y seas testigo de milagros en la vida de quienes estudien la Biblia contigo.
Si lo haces, formarás parte de un gran movimiento que el Señor está levantando para preparar a un pueblo para Su pronta venida.
“Centenares y millares fueron vistos visitando las familias, y abriendo delante de ellas la Palabra de Dios. Los corazones eran convencidos por el poder del Espíritu Santo, y un espíritu de genuina conversión se manifestaba”. (Servicio cristiano, 177)
“El plan de celebrar estudios bíblicos es una idea de origen celestial. Muchos hombres y mujeres pueden dedicarse a esta labor misionera. Así se desarrollarán obreros que serán poderosos para Dios. Por este medio, la Palabra de Dios ha sido dada a millares, y los obreros han entrado en contacto personal con personas de todas las naciones y lenguas. La Biblia penetra en los hogares, y sus verdades sagradas llegan a la conciencia. Se insta a las personas a leer, examinar y decidir por sí mismas, asumiendo la responsabilidad de aceptar o rechazar la luz divina. Dios no permitirá que esta preciosa obra quede sin recompensa. Coronará de éxito todo humilde esfuerzo hecho en Su nombre” (Obreros evangélicos, 200).
¡Qué privilegio participar en esta obra! Vive esta experiencia en una conexión real con Cristo y testifica del poder transformador de Su gracia, que ofrece salvación eterna.
