lunes, 6 de julio de 2009

Introducción de la breve teología de la ADORACIÓN

El punto de partida de nuestra filosofía acerca del culto y la adoración debe ser la Biblia.[1] Andrew H. Blackwood menciona que para estudiar el culto público o corporativo debemos hacerlo enfocados en el mejor texto, que es la Biblia.[2] Ya el profeta Juan en la isla de Patmos vio claramente este asunto: “…y adorad a aquél que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas.” [3]
El asunto de la adoración no es meramente un asunto liviano ni superfluo, sino más bien un asunto de vida o muerte, eso en el sentido de que no hay teologías de adoración sino una teología y ella se basa y centra únicamente en la Biblia.
La Biblia y sólo la Biblia, la Palabra de Dios, las Sagradas Escrituras están plagadas de material rico acerca del cómo debe ser la verdadera adoración y su teología. Encontramos en realidad un rico material acerca del culto corporativo o público y el personal o privado, todo ello ayuda a la iglesia a estructurar una teología respecto al tema, llámese Teología de la adoración.
“Venid, adoremos y postrémonos; doblemos la rodillas ante el Señor nuestro Hacedor. Porque El es nuestro Dios, y nosotros el pueblo de su prado y las ovejas de su mano. Si oís hoy su voz.”[4] Este texto muestra básicamente cuatro puntos importantes acerca de la adoración: Quién es digno de recibir adoración, quién debe adorar, porqué y cómo hacerlo.[5] En el desarrollo de este trabajo de investigación presentaremos, en lo posible en forma detallada estos asuntos.
Sin embargo, en un mundo postmoderno y neoliberal en casi todos los aspectos de la humanidad, la adoración ha venido siendo corrompida por muchos factores y la verdadera teología de la adoración que se registra en la Biblia es reemplazada por costumbres y tradiciones o hermenéuticas a la carta. César A. Henríquez M. menciona algo interesante: Esta imagen hace del evangelio un producto, convierte la iglesia en un gran supermercado, al ser humano en un consumidor y al pastor en un gerente. Dentro de esta cultura la principal preocupación de la iglesia es como vender ese producto.[6] Y es por ello que alguna vez se ha escuchado decir: “Nosotros tenemos el mejor producto, con la mejor garantía, sólo nos falta aprender a venderlo.”[7]
[1]Horne P. Silva, “Un modelo de culto” Ministerio Adventista, Mayo (2000): 21. En adelante: Horne P. Silva.
[2]Citado por Horne P. Silva, 21.
[3]La Biblia de las Américas (California: The Lokman Foundatión, 2001), Apocalipsis 14:7.
[4]Ibíd., Salmo 95:6,7.
[5] Daniel Luka T., “¿Cómo debemos adorar?” Revista Adventista, Octubre (2002): 9.
[6] César A. Enríquez M. “Culto, Teología y Postmodernidad” Ponencia presentada en la Consulta teológica: “La iglesia ante los desafíos de la postmodernidad”, convocada por el Seminario Evangélico Asociado del 4 al 7 de abril de 2002.
[7] Barbosa Ricardo, “La iglesia en el mercado y el profesionalismo religioso” Revista signos de vida. Nro. 4. Junio 1997. Pág. 15

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