miércoles, 20 de enero de 2010

CINCO MITOS SOBRE LOS GRUPOS PEQUEÑOS


Los estudios bíblicos en casas se parecen un poco a las chimeneas; despiertan en nosotros maravillosos sentimientos hogareños, pero tenemos cuidado de no dejarlas desatendidas.
Después de poco más de dos décadas de promoción en libros, revistas, seminarios, y clases, el hecho es que pocas iglesias pueden testificar que han alcanzado éxito con respecto a los grupos pequeños. Algunas de las razones son:
1. Tenemos pocos modelos a seguir, a menos en nuestra cultura.
2. La literatura sobre este tema ha promovido la idea pero sin ofrecer métodos prácticos.
3. El concepto de la privacidad del hogar de cada país hace variar la velocidad de desarrollo de dichos ministerios.
4. Nuestro estilo de liderazgo podría no fomentar el hecho de que los ministros laicos pueden desarrollarse más allá de la supervisión inmediata de un pastor.
5. Las congregaciones que se deciden a favor de los ministerios en casas se desaniman cuando no pueden encontrar materiales de estudio bíblico específicamente preparados para este propósito.


Si queremos dar enseñanzas, debemos adaptar los materiales creados para otros propósitos —y eso es demasiado trabajo.
A pesar de eso, no podemos escapar a la realidad de que muchos cristianos desean experimentar lo que es un grupo pequeño y pueden beneficiarse en gran medida si el grupo funciona correctamente. La pregunta es cómo lograr que los grupos pequeños funcionen.

Después de diez años de experiencia y miles de reuniones en casas de docenas de iglesias, debido a mi función de administrador denominacional, creo conocer la razón por la cual tantas iglesias no poseen un programa de grupos pequeños en hogares. Los autores y charlistas, me incluyo entre ellos, nos involucramos en una buena idea pero a su vez simplista, idealista, y prematura. Enfocamos el tema sin entender el complicado terreno sociológico en el cual nos habíamos aventurado apresuradamente.


A continuación encontrará cinco teorías que he necesitado revisar a lo largo del camino:


Mito #1: Los grupos pequeños son una magnífica herramienta para evangelizar.
Una de mis ideas erróneas se relacionaba con el propósito de los estudios bíblicos en casas. Al principio pensaba: «Los grupos pequeños son nuestro medio para alcanzar a la ciudad.»
Pero unos años más tarde creía: «Si bien los estudios bíblicos en casas contribuyen al alcance total de la iglesia, no evangelizan directamente.»
Hace varios años y después de mucha experiencia, pensaba: «los resultados evangelizadores de los estudios bíblicos en hogares son indirectos, ya que la gente que asiste a los grupos proviene en su mayoría de la congregación y no del vecindario. Los ministerios en hogares prolongan los resultados de otros métodos evangelizadores.»
La mayoría de las iglesias que inician nuevos programas tienen el concepto «alcance» en mente, pero pronto se desilusionan con los resultados de la evangelización. Llegué a la conclusión de que las iglesias que obtienen éxito en los ministerios en casas es porque han reconocido su valor para el desarrollo y la conservación, y no solamente para la evangelización.
Finalmente, empecé a comprender que los estudios bíblicos en casas son una separación de la comunidad hacia un íntimo círculo cristiano para experimentar la comunidad y la alimentación espiritual. Son para nutrir a los de adentro, ¡no para alcanzar a los de afuera! (Las personas que llegan a Cristo a través de reuniones en casas generalmente se unieron a algún grupo en algún momento de crisis personal, y después ahí experimentaron una respuesta a su oración. Incluso, a menudo van a la iglesia antes de asistir al grupo que oró por ellos.)
A pesar de que los programas en casas no son en sí evangelizadores, contribuyen al crecimiento de la iglesia al fortalecer todo el cuerpo. Así como las uvas crecen en racimos, una iglesia se desarrolla al atraer grupos de amistades alrededor de un tallo central.


Mito #2: Los grupos pequeños unen a los cristianos que viven en un vecindario.
Otra lección que aprendí tenía que ver con las locaciones de los grupos pequeños. Al igual que muchas iglesias que inician los programas en casas, nosotros empezamos estudiando el territorio y reclutando hogares para hospedar los grupos en distintas partes de la comunidad. Después le pedimos a la gente de la iglesia que asistiera al grupo que se encontraba más cerca de su hogar.
A veces las congregaciones son obedientes, así que el plan empezó a funcionar —por alrededor de dos semanas. Después de eso, las personas iban a cualquier lugar donde sus amigos asistían.
Las personas asisten a aquellos grupos pequeños con los que comparten ciertos intereses; se unen a ellos por razones socioeconómicas y no geográficas. Si bien es cierto y obvio que los grupos pequeños mantienen un interés en común por la Biblia, por el amor a Cristo, y por dependencia de un apoyo interpersonal, muchas personas comparten esos intereses pero no se llegan a unir de verdad. Estos lazos comunes no son suficientes para formar un grupo pequeño donde las personas verdaderamente se unen. En el corazón del fenómeno del grupo pequeño yace una interdependencia entre los amigos.
Esto motiva a la pregunta sobre camarillas en la iglesia. Muchos de nosotros hemos escuchado predicaciones sobre las camarillas en la iglesia desde hace siglos. Ahora estamos empezando a entender que las camarillas son una característica social, natural y deseable que una a una congregación y forma la base de los ministerios en casas. Los estudios bíblicos en casa toman ventaja de ese lazo natural al proveer una función creativa para los grupos de amistad.
El lado negativo de este fenómeno social es la exclusión —la tentación de no incorporar a los de afuera. Los líderes de la iglesia pueden evitar este problema al fomentar activamente la hospitalidad, invitaciones públicas para todos los grupos de casa, y creando nuevos grupos a medida que los círculos de amistad se desarrollan.
El interés mutuo une a una congregación en amor y comunidad; pero la iglesia está conformada por grupos más pequeños, y cada uno de ellos se complementa hasta cierto punto en sí mismo. La fuerza que atrae a los grupos al cuerpo varía, pero a menudo está relacionada con un trasfondo y un estilo de vida en común con respecto a la etnia, la economía, o grupo social, así como un sistema de creencias comunes, y un pastor popular. La iglesia como un todo aprende a dividirse en grupos pequeños para proveer alimento espiritual, ánimo, identidad, y protección a todos sus miembros.


Mito #3: El estudio bíblico es la pieza central de un grupo pequeño.
Al principio, creía que la gente quería reunirse en casas para estudiar la Biblia, así que ponía un gran empeño en preparar las lecciones. Todavía escribo e imprimo una lección bíblica cada semana y las acumulo en series de trece semanas, pero he aprendido que la gente no va a las casas exclusivamente por el estudio bíblico.
Antes bien, los atrae su necesidad de interactuar socialmente, de apoyarse en amigos amorosos y que les gusta compartir con ellos, y de sentirse que pertenecen a un significativo cuerpo de creyentes. Desean un lugar donde puedan recibir buenos consejos y donde sienten la libertad de hablar sin que nadie los rechace por ello.
Cuando me di cuenta de esto, empecé a investigar sobre dinámicas de grupos pequeños y organicé las reuniones en casas para suplir la mayor cantidad de necesidades. Nuestras reuniones en casa ahora tienen cuatro elementos, en este orden:
Comunión (para conversar y actualizarse)
Un estudio bíblico (una lección preparada)
Auto-expresión (compartir, exhortar y expresar peticiones de oración)
Oración (ya sea individualmente o en grupo)


Mito #4: Un grupo pequeño necesita un líder fuerte.
Los pastores bíblicos dirigían sus rebaños hacia el pasto, pero los de hoy guían a las ovejas. Pronto descubrí un contraste similar de estilos de liderazgo en comunidades en casa. Algunos dirigían con un firme estilo; otros dan apenas unos golpecitos para guiar a sus ovejas.
Debido a que la gente necesita tanto escuchar como ser escuchado, los grupos pequeños funcionan mejor con líderes que se abren que con aquellos que prefieren dominar.
El pastor sabio aprende a reconocer y ponerle campanas a ciertas ovejas a las que el rebaño tiende a seguir. Esto mantiene a las ovejas juntas y simplifica la tarea de mover el rebaño de un lugar a otro. Es mejor guiar unas cuantas de estas ovejas, y por ende al rebaño entero, que guiarlas con perros ovejeros.
La naturaleza humana es competitiva, y cada relación incluye el factor de liderar y seguir. A partir del momento en que ponemos a alguien a cargo de algo, establecemos una estructura de poder en la cual habrá cierto nivel de lucha por ver quién dominará. No es fácil encontrar maestros que no se vean amenazadores ni que se sientan amenazados y a que a la hora de liderar un grupo no sientan el deseo de mandar.
Con respecto a esto, me complace haber escuchado el consejo de Cho Yonggi de Corea, quien me dijo que ponía a dos maestros en cada hogar, ambos equitativamente responsables ante el pastor. Fue todo un éxito. Ninguno siente que el grupo le pertenece y que debe controlarlo; ambos deben mantenerse leales a la iglesia y al programa. Ellos simplemente se alternan cada semana, uno enseña y el otro dirige el resto de la reunión.
Otro problema era cómo mantener la calidad con los maestros que tenían poca o nada de experiencia o capacitación previa. Nuestra iglesia solucionó esto al proveer semanalmente bosquejos de lecciones y enseñanzas grabadas del pastor. Cada semana el maestro escucha la grabación de treinta minutos, sigue la Biblia y un bosquejo de enseñanza. Después, él o ella expone lo aprendido en la reunión casera. También tenemos un manual de capacitación acompañado por una grabación.
El método funciona bien, nos permite usar casi a cualquier cristiano que acepte la responsabilidad. De hecho, generalmente funciona mejor con personas humildes que carecen de cierta confianza que con los maestros que han recibido capacitaciones en otros métodos.


Mito #5: Los grupos pequeños se multiplican al dividirse.
La idea popular compara a un grupo en casas con una ameba que crece hasta un determinado tamaño y luego se divide en dos células igualmente viables. Al principio sugería que un grupo debía dividirse cuando alcanzara una asistencia regular de veinte personas. Bueno, en los tres primeros años solamente un grupo creció hasta ese tamaño —y después de que se dividió, solamente una de las dos células sobrevivió. Muchos de los grupos crecieron hasta catorce o dieciséis personas y se detuvo su crecimiento.
La idea del crecimiento por división celular funciona solamente en el papel. Los grupos reales crecen según el tamaño del espacio disponible menos el factor de comodidad de alrededor 20 por ciento (para permitir que permanezcan los introvertidos, claustrofóbicos, y otros que se resisten a las multitudes). En la mayoría de los hogares, eso significa un máximo de no más de una docena de personas. El concepto de crecimiento no es realmente una meta en las dinámicas de los grupos pequeños.


Entonces, ¿cómo crecemos? La mejor forma es simplemente formando nuevos grupos. Algunas personas vendrán de otros grupos que ya están abarrotados, y las nuevas casas con sus conexiones de amistad atraerá a sus propios integrantes. Este es un proceso constante de fluidez a medida que algunos grupos florecen, otros se estabilizan, y hasta otros fracasan por la falta de liderazgo o unión. Las experiencias son tan variadas como las personas que asisten a estos grupos.


Ciertamente, una red de estudios bíblicos en casas es como un ser vivo que viene y va, se expande y se contrae a medida que los años pasan. Debemos tener en mente que algunos grupos fracasarán mientras que otros florecerán. Un grupo en nuestra iglesia se ha reunido continuamente durante cinco años —principalmente debido a su estable liderazgo y materiales de enseñanza bastante prácticos. Pero otros han fracasado. Por eso es que nunca debemos dejar de crear grupos nuevos.


La razón por la cual los grupos valen la pena
La mejor lección de todas fue cuando empecé a notar que las personas que regularmente participan de las reuniones de casas pocas veces requieren de consejería pastoral. El grupo pequeño es un ambiente para cuidarse y compartir, lo cual provee una excelente terapia psicológica y espiritual a parte de la comunidad y del conocimiento bíblico. Las personas reciben apoyo emocional, consejo cristiano, y respuestas a las oraciones.
La iglesia primitiva no construyó un templo durante trescientos años. Al principio de ese periodo, se usaba el templo para la adoración colectiva, y después del año 300 d.C. se empezó a adorar en las basílicas romanas, pero sus lugares de reunión eran las casas de los creyentes. Esas reuniones poco amenazadoras, rara vez evangelizadoras y de bajo perfil de liderazgo fueron la razón de parte del mejor crecimiento de la iglesia en la historia.
Geraldo Roles de la Comunidad Cristiana Calvary en San Bruno, California, atribuye mucho del crecimiento de su iglesia a las comunidades en los hogares. Él ama afirmar: «Los estudios bíblicos en casas crecen dentro de usted.» Él forma parte de otros de líderes de otras iglesias, entre ellos yo, que hemos aprendido mucho de los ministerios pequeños en casas que marcan una diferencia. Los grupos pequeños no lograron todo lo que originalmente teníamos en mente, pero nos han sorprendido con un éxito inesperado en la madurez y cuidado de nuestras congregaciones.
Por eso es que todavía digo con convicción: Cada iglesia debería ser un centro motivacional y de capacitación rodeado por una red de estudios bíblicos en casas —incluso si no toman la forma que se proyectaba.


David A. Womack es pastor de la iglesia Asambleas de Dios de Twin Palms, San José, California. Este artículo se publicó por primera vez en Building Church Leaders, usado con permiso. Título del original: 5 Small Group Myths. Copyright © por el autor o por Christianity Today International. Traducido y adaptado por DesarrolloCristiano.com, todos los derechos reservados. Copyright 2005

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