miércoles, 23 de diciembre de 2009

Grupos Pequeños: ¿Un Ministerio Obsoleto?


Algunas iglesias trabajan con grupos pequeños como una forma de que personas con características socioeconómicas, sociales, de género, y geográficas se puedan reunir para compartir en oración, para orar, estudiar la biblia, o bien para simplemente hacer amistad. ¡Y esto está muy bien! La clave ministerial de estos grupos ha sido el reunir personas según sus intereses homogéneos. Y esto es lo que quiero criticar en este blog. No quiero criticar el por qué de los grupos pequeños, sino el cómo se ha organizado. En otras palabras, ¿por qué algunas iglesias quieren controlar tanto a estos grupos, y por qué quieren organizarlos según intereses homogéneos?
¿Por qué quiero criticar este estilo de atraer personas según su homogeneidad? Porque en una sociedad cambiante y de valores relativos, de diferencias generacionales, donde los trabajos vienen y van, y la estabilidad económica es precaria, las nuevas generaciones urbanas han mostrado otras formas de organización. Estas nuevas generaciones de hoy son muy variadas en profesión, edad, género, preferencia sexual, y estatus socioeconómico. Pero en tales diferencias encuentran ciertas perspectivas en común. Estos jóvenes construyen sus redes de amigos, y magnéticamente se unen, no por su homogeneidad sino por intereses comunes o principios. Así llegan a formar lo que sociológicamente se entiende como “tribus urbanas” que inician con un grupo de amigos cercanos, que incluyen otros amigos de alguno de sus miembros, y así sucesivamente el grupo de contactos aumenta. Estas tribus son más heterogéneas de lo que nos imaginamos, y como movimiento en vez de organización, son flexibles en su forma de actuar y funcionar.
Algunas tribus tienen una media docena miembros, y otras muchos más. Algunos se casan y traen eventualmente nueva sangre en la tribu. Estas tribus son formadas a menudo por un grupo de base de personas que por ejemplo trabajan juntas, o fueron a la misma Universidad, o asisten a la misma iglesia. Luego cada una trae a otros de sus amigos y forman así una membrecía informal. Estos grupos heterogéneos sirven de familia alternativa, están allí para ayudarse en las buenas y en las malas. Tienen sus rituales sociales de reuniones y actividades. Aun mas, esta red de amigos provee “patas” o contactos hasta para conseguir empleo.
De esta manera, las tribus pueden reemplazar la cercanía de las familias biológicas, que en actuales sociedades urbanas no es sorpresa encontrar familias desintegradas, o geográficamente separadas. Las familias biológicas son aun importantes, pero son sus amigos cercanos a quienes se acuden en caso de ayuda o necesidad. Y tales amigos varían en edad, genero, clase social, etc. Lo que une a estas tribus son sus metas, su forma de explicar y querer construir un futuro mejor.
Estas tribus varían grandemente entre sí. Algunas tribus son grupos cerrados, otras mesclan mujeres y hombres, otras solo de un mismo género, o bien otras incorporan personas de diferentes trasfondos sociales, preferencias sexuales, y étnicas. Entre sí se intercambian favores, viajan juntos, se prestan dinero, y se apoyan mutuamente. Se organizan como redes informales donde intercambian todo tipo de bienes y servicios, que aun en clases sociales pobres les ayuda a sobrevivir. En las tribus sus participantes tienen amistades, que fuera de la tribu nunca hubieran cultivado.
Lo interesante de estas tribus urbanas, y que quiero rescatar como reflexión para líderes de iglesias evangélicas en América Latina son los siguientes puntos:
Las tribus urbanas presentan un modelo de movimiento social más flexible para llevar el evangelio del Reino al mundo. Esto, por su flexibilidad de generar amigos, y otras características que se mencionan a continuación.
La forma como los humanos nos organizamos varia cultural y socialmente. Es decir, la forma como tendíamos a reunirnos hace 30-20 anos, hoy no es llamativo para nuevas generaciones. Esa puede ser una razón por la que algunas iglesias históricas protestantes están declinando hoy, y otras iglesias aun las consideradas “exitosas” no tienen grupos juveniles estables o en crecimiento.
Por un lado, algunas iglesias buscan domesticar, según algún modelo de crecimiento (e.g., el modelo de Jesús, o la visión) a las personas que asisten a sus cultos. El propósito no es necesariamente brindarles formación espiritual, sino mantenerlos asistiendo a los cultos, ofrecerles milagros, y sacarles dinero. La idea de estas iglesias es meter a la gente en cajitas. Y si la persona no desea meterse en esa cajita, entonces se le invita a buscar otra iglesia.
Por otro lado, grupos de compañerismo como el estilo de tribu urbana provee libertad de asociación. Una congregación puede tener muchas tribus, y cada quien puede buscar participar en varias, o en una en especial. Lo que une a una tribu y le da una característica son las metas que busca alcanzar. Y dicha meta por alcanzar o tarea de servicio provee satisfacción. Conozco una congregación donde una de sus tribus tiene un ministerio evangelistico de caminatas de montana, y a la vez cuatro veces al año visita poblaciones indígenas para compartir programas de asistencia y desarrollo. Pues para visitar esas poblaciones indígenas se requiere de personas de buena condición física para caminar en montana.
Para construir un grupo en una tribu se requieren un interés compartido (una visión o meta en forma de historia), y una forma de comunicación clara entre el líder y la tribu, la tribu entre sí, y la tribu con los que aun no pertenecen a ella.
Por ello las tribus son contagiosas, mientras las organizaciones son aburridas. Las tribus funcionan como un grupo de voluntarios sin fines de lucro, en cambio organizaciones usualmente buscan generar ganancias, como muchas iglesias. La diferencia radica en la libertad de servicio que ofrecen las tribus. En las tribus cualquiera puede participar, y luego llegar a creer, mientras que en organizaciones cualquiera debe primero creer para poder participar. En tribus se busca servir al mundo según la misión de Dios, mientras organizaciones buscan servirse y engordarse a sí mismas.
Tribus funcionan como un movimiento, no como una organización. Un movimiento es libre, todos participan según sus dones y habilidades. En una organización la función es regulada, y la participación es limitada. Tres elementos caracterizan un movimiento: Una narrativa que cuenta una historia sobre quienes somos (como la historia de redención en la Biblia), y lo que queremos construir a futuro. (2) Una cercana conexión entre el líder y la tribu. (3) Para cumplir con la tarea, limitaciones deben ser mínimas.
Estas tribus urbanas no disponen de un aparato oficial que las gobierne, no hay estructura. Todos son llamados a liderar, según sus dones. Esta idea, para cualquiera que haya sido domesticado en una iglesia de autoridad piramidal, es repugnante y poco practica, pero funciona. Es cierto que una tribu tiene un liderazgo, pero todos y todas son llamados a liderar, y no esperar a que se les diga que hacer. La función del liderazgo es mantener al grupo unido, funcionando, generando nuevas ideas, atendiendo conflictos, y manteniendo la tribu enfocada en su meta o llamado.
Las tribus más exitosas buscan lograr aquello que ninguna organización cristiana hace. Es decir, se busca ir y hacer lo que nadie ha hecho ministerialmente en su contexto. Para ello se requiere de un líder sin ataduras con algún templo, u organización centrada en sí misma. Una tribu requiere de líderes que reten el statu quo, que crean una cultura organizacional flexible y libre, donde su carisma atrae y motiva voluntarios, comunican su visión y nuevas ideas, comparten el poder, y empoderan nuevas tribus.
Finalmente, recordemos que la gente en el mundo no cree lo que les decimos. Raramente pueden creen lo que les mostramos. A menudo pueden creer lo que sus amigos les digan. Pero siempre creen lo que se dicen a sí mismos. Entonces lo que lideres de tribus hacen es darles historias que la gente se cuente a sí mismas. Historias sobre una nueva creación, sobre esperanza, cambio, redención, y salvación. ¡Eso mismo hiso Jesús con su tribu!


Autor: Osías Segura


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