martes, 28 de septiembre de 2010

DISCÍPULO A MEDIAS: EL PELIGRO DE LA CONSAGRACIÓN PARCIAL


«¿Qué haré a ti, Efraín?… La piedad vuestra es como nube de la mañana, y como el rocío de la madrugada, que se desvanece» Oseas 6.4.

Nuestra era se caracteriza por la superficialidad, inducida, en una medida no pequeña, por las fugaces imágenes de la televisión. Y esta frivolidad se ha desbordado en nuestra
actitud y nuestras reacciones al mensaje de Dios. Rara vez le damos tiempo a Dios para tratar con nosotros de manera radical y profunda. Incluso, cuando somos condenados por el fracaso o el pecado, no le permitimos al Espíritu Santo trabajar en nosotros para que lleguemos a odiar el error que cometimos. Con liviandad aprobamos el hecho de que «somos pecadores miserables», sin encarar seriamente el problema. Actuamos como si una nueva decisión pudiera tomar el lugar del verdadero arrepentimiento y de la renunciación.
Todos somos, en cierta medida, santificados solo en forma parcial, porque no hemos volteado algunas facetas de nuestra vida hacia el fuego purificador del Espíritu Santo.La queja de Dios señalaba que la bondad de Efraín era volátil; desaparecía como la niebla y el rocío de la mañana. No es que no queramos lo mejor y lo más alto, o que no nos decidamos por lo mejor, sino que como Efraín, nuestra resolución es fugaz.

Parecía como si la inconstancia de Efraín dejara perplejo incluso a Dios, por eso exclamó: «¿Qué haré a ti, Efraín?». Nuestra superficialidad e inconstancia también pueden desconcertar a Dios después de todo lo que él ha hecho por nosotros. Sin embargo, para nuestro aliento, podemos recordar que bajo la influencia del Espíritu Santo, Simón, el inestable, fue cambiado en Pedro, la roca.

El peligro de la santificación parcial

«Efraín fue torta no volteada» Oseas 7.8

Esta pictórica figura les resultaba familiar a los israelitas. La mayoría de los cocineros había experimentado la desilusión de encontrar su torta cocida por fuera, pero cruda por dentro. La torta a la cual se refiere aquí se aplastó y cocinó en una parrilla; y como no se había
volteado, se había quemado por un lado y había quedado cruda por el otro.

Muchos de nosotros somos así en el carácter: súper desarrollados en algunos aspectos, pero deficientes en otros. El progreso ha sido excelente en algunas áreas, pero retardado en otras. Todos somos, en cierta medida, santificados solo en forma parcial, porque no hemos volteado algunas facetas de nuestra vida hacia el fuego purificador del Espíritu Santo.

Algunos han crecido diligentes en el
conocimiento de la Biblia, pero descuidados en la bondad. Otros se formaron firmes en la ortodoxia, pero inconstantes en el amor cristiano. Incluso, otros se muestran generosos cuando dan, pero… violentos en su temperamento. El desarrollo unilateral es real para todos nosotros. Solo Jesús fue santificado por completo y de manera simétrica en el carácter: «Lleno de gracia y de verdad». En él vemos en perfecto balance «la bondad y la severidad de Dios» (Ro 11.22). Nunca se podrá comentar de él que fue una torta no volteada.

Es una tentación común excedernos en algunas formas de trabajo que disfrutamos, pero también descuidar tareas rechazadas o poco agradables. Tendemos a cultivar nuestros puntos fuertes, mientras desatendemos los débiles. El erudito alimenta su mente con avidez, pero descuida su cuerpo, mientras que con los atletas a menudo ocurre lo contrario. Las Escrituras demandan el cultivo de los puntos débiles de nuestro carácter para que podamos ser «firmes, perfectos y completos en todo lo que Dios quiere» (Col 4.12).

El hecho alentador es que el fuego bajo la torta sigue ardiendo. Aún queda tiempo para voltearla, y completar el proceso de horneado. Nos corresponde voltear las facetas imperfectas e incompletas de nuestro carácter hacia el fuego del Espíritu Santo.

El peligro de una separación incompleta

«Efraín es dado a ídolos; déjalo» (Os 4.17). «Efraín se ha mezclado con los demás pueblos» (Os 7.8).

Los cristianos tienen que ser un pueblo separado. Pero algunos círculos evangélicos defienden un tipo de separación que nos deja sin contacto con las personas del mundo, por lo cual llegamos a ser incapaces de alcanzarlas para Cristo. Cuando Jesús advirtió a sus discípulos: «Vosotros sois la sal de la tierra» (Mt 5.13), él no concebía que la sal se pusiera en un plato y la carne en otro. Como alguien afirmó: «El lugar de la sal está en la sopa, no en el salero».

Jesús nunca sugirió que los cristianos debían aislarse de las personas impías y abandonarlas para que fueran del diablo. Él mismo fue objeto de la crítica encarnizada de los fariseos, debido a que se rehusó a practicar esa forma de separación. «Este hombre acoge a los pecadores y come con ellos», lo censuraban con desprecio.

Existe una forma de separación que no solo es correcta sino obligatoria. Efraín debía separarse de los ídolos y no contraer alianza alguna con las naciones impías que los adoraban.
La única vía satisfactoria y permanente de vencer las canas no es teñirlas (como a veces acostumbramos), sino arrancarlas de raíz.La declaración relacionada con Efraín y sus ídolos es a menudo mal interpretada, como si Dios estuviera declarando: «Bueno, si Efraín va a tener sus ídolos, déjenlo que los tenga. Yo voy a terminar con él». Pero no es eso lo que en realidad Dios está expresando. Su lamento fue: «¿Cómo podré abandonarte, oh Efraín?» (Os 11.8). Dios no estaba dejando a Efraín, sino que le advertía al reino de Judá que no siguiera su mal ejemplo. «Si él va tras sus ídolos, no lo sigan». «Déjenlo solo» fue la recomendación divina para Judá.

Existen muchas alianzas mundanas que deben romperse, pero tienen que separarse por medio de un material aislante más que el solo aislamiento. O mejor aún, como se separa la novia del novio. Jesús era: «santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores» (He 7.26), pero su separación fue moral y espiritual, no física. En esto nos dejó un ejemplo para seguir.

El peligro del deterioro inconsciente

«Devoraron extraños su fuerza, y él no lo supo; y aun canas le han cubierto, y él no lo supo» (Os 7.9).

Las canas son un mal recibido, signo del decrecimiento de la virilidad. Vienen sin percibirse y sin anunciarse. Unos cuantos se han vuelto grises en una noche. No obstante, el declive espiritual no siempre ocurre de manera consciente o repentina. La caída a menudo no se discierne ni es deliberada. La visión espiritual y el entusiasmo siempre tienden a disminuir si no se nutre de manera adecuada. La carne es débil, y somos objeto de la atención hostil de nuestro adversario.

El deterioro inconsciente de Efraín comenzó con la alianza impura que estableció con la idólatra Asiria, la cual lo llevó a tal adoración pecaminosa. La idolatría y la inmoralidad a menudo corren juntas, con el consecuente debilitamiento de toda la estructura de la nación. Se le aconsejó a Efraín que declarara:

«No nos librará el asirio; no montaremos en caballos, ni nunca más diremos a la obra de nuestras manos: Dioses nuestros» (Os 14.3).

La advertencia se aplica de igual forma a nosotros, así que debemos esforzarnos por descubrir las canas como los signos prematuros de senilidad espiritual, cuando ellos se presenten en nuestra vida. Es posible mantener la apariencia externa de santidad aunque la atrofia espiritual esté muy avanzada.

Ignorar nuestro verdadero estado puede ser el resultado de haber descuidado el hábito de confrontar nuestra vida de forma inquisitiva con el espejo de la Palabra de Dios. Este nos revelará —si queremos ver— las canas, la alarmante diferencia entre lo real y lo ideal. El declive espiritual a menudo comienza cuando estamos demasiado ocupados (incluso en el trabajo cristiano) para medirnos de manera periódica según la norma divina y para tomar la acción correctiva.

La tragedia de la condición de Efraín se revela en esta oración: «él no lo supo». ¡Deterioro inconsciente! La única vía satisfactoria y permanente de vencer las canas no es teñirlas (como a veces acostumbramos), sino arrancarlas de raíz. Pablo aconsejó a los creyentes corintios a practicar esto: «limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu» (2Co 7.1).

Esto implica un acto decisivo de nuestra
voluntad. Dios no hará por nosotros algún tipo de limpieza o depilado. Nuestra parte consiste en proponernos actuar contra nuestro pecado en todo lo que nos sea posible. Luego el Señor responderá: «seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré» (Ez 36.25).

Preguntas para estudiar el texto en grupo



  • ¿Cuáles son las actitudes de los siervos del Señor que suelen dejar perplejo a Dios?


  • ¿Cuál es el significado básico de la figura de la torta no volteada?


  • En grupo, o personalmente, identifique las facetas de su carácter que necesitan voltearse hacia el fuego. Aquí resulta crucial la objetividad de los otros para darnos cuenta de lo que no conseguimos ver por nosotros mismos.


  • ¿De qué manera se consigue voltear la torta?


  • Explique la separación que realmente busca el Señor que sus discípulos practiquen.


  • ¿Cuáles podrían ser algunos signos de que la atrofia espiritual se ha iniciado en nosotros?


  • ¿Cuál es el hábito que debemos formar para no permitir que suframos de deterioro espiritual

Apuntes Pastorales XXVII-5, ©2010. Se tomó de Sanidad espiritual para los que sufren, J. Oswald Sanders ©2009, por Editorial Portavoz (www.portavoz.com). Se usa con permiso.

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