miércoles, 4 de noviembre de 2009

GRUPOS PEQUEÑOS: EL PUNTO DE PARTIDA

Casos de la vida real
Caso 01
Recibí la visita de un testigo de Jehová. Le atendí cordialmente, y me dispuse a escucharle, cuando de pronto se asomó a la puerta el director de jóvenes de mi iglesia central. Me dijo “Hola pastor, buenos días, disculpe creo que volveré más tarde”. Le dije que me parecía bien y continué la charla con mis visitantes. Uno de ellos me dijo sorprendido: “¿es usted pastor?” le respondí afirmativamente y le dije: “soy pastor adventista del Séptimo Día ¿hay algún problema amigo?”. No- me dijo- solo que no sabía que esta casa era adventista. Hace meses vine y vivía otra persona.
La charla se tornó muy amena por las preguntas que les hacía y lo incómodos que se sentían, pues no hallaban respuestas. Yo nos los atacaba, sino que me mostraba como con dudas y que ellos podían ayudarme. Finalmente les dije que me gustaría que me visitasen para que me den respuestas a las cuestiones que les hice. Sin embargo, uno de ellos me dijo: “usted es teólogo, y sabe mucho. Por eso nos hizo preguntas que la verdad no las tenemos en los libros de la sociedad y por eso no las podemos responder. ”

Caso 02
Colportando en la ciudad de Iquitos, me entrevisté con un evangélico. Al darse cuenta de que era yo cristiano, y que me gustaba jugar fútbol, me dijo muy preocupado: “querido hermano, ¿tu pastor no se enoja porque juegas fútbol? Porque mi pastor nos enseña que jugar fútbol es jugar el juego de hombre, del diablo”.
Le respondí sorprendido, con una sonrisa: “es que nosotros estamos acostumbrados a que nuestro pastor nos responda con la Biblia y en la Biblia no encontramos prohibiciones acerca del fútbol, además mi pastor juega con nosotros”. Los ojos del evangélico se tornaron brillantes y grandes y exclamó: “¿por eso mi pastor dice que ustedes son una secta diabólica?”
Le miré fijamente a los ojos y con voz suave le dije: “¿me puede mostrar dónde dice que los que juegan fútbol son diabólicos?” Miró su Biblia y me dijo: “váyase, mi pastor dice que no debemos juntarnos a conversar de la Biblia con los sabáticos”.
Bueno –le dije- me gustaría saber de donde le dijo eso su pastor.

Caso 03
Este es un caso adventista (para variar). En una junta de iglesia uno de los dirigentes arremete contra otro diciéndole: “usted tiene la culpa, además no tiene moral para hablar del asunto, usted es así…” a lo que el último responde: “¿así?, pues debes saber que sé mucho de ti y prefiero callarme porque no soy un hipócrita como tú…”
Me quedé impactado porque al parecer se habían olvidado de que me encontraba presente. Yo era el pastor. Interrumpí la discusión, y les dije: “hermanos ya basta. Por favor cálmense”. Gracias a Dios me hicieron caso. Al ver que accedieron, me sentí con la autoridad para exhortarles ahora o nunca. El mensaje debía ser escuchado por todos, pues en menor o mayor grado en todo el tiempo de la junta, la mayoría había actuado así.
Les dije: “Hermanos, estoy muy apenado, es una iglesia grande. Son ustedes de experiencia y no es posible que se traten así. Ustedes son los líderes de la iglesia, ¿qué puedo esperar de los que no son líderes, si ustedes se maltratan y se hablan como si no fueran hermanos. Por favor queridos hermanos, por amor a Dios y, mientras yo esté en este distrito, no deseo que se repite otra vez. El que quiera opinar mal de su hermano, que guarde sus comentarios y antes vaya y aplique el consejo de Mateo 18. Por favor hermanos, no deseo ver este cuadro otra vez.”
Los hermanos se quedaron callados, pero me asustó la forma de sus rostros. A leguas se notaba que estaban muy enojados conmigo y que querían decir algo. Un hermano interrumpió e intentó hilar una frase, pero le corté y le dije: “hermano por favor levante la mano si deseo opinar”. El hermano me miró y levantó la mano y me dijo: “¿Ahora si?”. Sí- le dije.
Bueno- me dijo- soy adventista de cuna, he sido anciano casi 20 años, he leído el manual de iglesia varias veces y a parte de eso, muchos pastores con mucha experiencia han pastoreado este distrito. Y la verdad es la primera vez que un aspirante a pastor nos diga que no podemos decirnos nuestros errores en la junta. Todos los pastores nos han enseñando en que lo que se hace en la junta se queda en la junta. Y ¿usted viene ahora a querer cambiar y decirnos que no podemos decirnos y hablarnos con franqueza? Nosotros somos maduros, viejos, no somos “chiquillos”.
La verdad, muchos hermanos asintieron su cabeza en señal de aprobación con lo dicho por el hermano. Si no actuaba sabiamente esta junta sería mi talón de Aquiles. Así que dije con serenidad:
Usted dice que es adventista de cuna, ha leído el manual de iglesia varias veces- cogí mi manual de iglesia y lo mostré- y que los pastores anteriores a mi, que tienen más experiencia siempre han apoyado que ustedes se hablen directamente sin pelos en la lengua y que ustedes son maduros y todo lo demás. Toma mi manual de iglesia y te doy todo el tiempo que quieras para que me muestres lo que según usted es lo que se debe hacer. Y por favor respóndame y enséñeme pues puedo estar equivocado.
La reunión se tornó muy fría. El hermano tomó el manual de iglesia y lo ojeó para finalmente decir: “no me acuerdo pastor”.
Bien- le dije- quiero que sepan o recuerden que la Biblia es hermosa porque hay principios para que podamos regirnos en todo aspecto. Le aconsejo que relea su manual y Mateo 18.
La junta continuó. Y había que observar un nombre, pues era propuesto para un cargo. Pregunté: “¿hay apoyo para esta propuesta?” y al ver que la había pregunté “¿alguna observación?” y uno de los ancianos me dijo en voz baja “pastor, que salga a ver si está lloviendo afuera”, y algunos que escucharon, se rieron a carcajadas. Sonreí también y les dije: “Lo que propone el hermano ¿es correcto?” y a voz todos dijeron “¡sí!” Les dije que me mostraran con el Manual de Iglesia donde dice eso.
Uno de los hermanos me dijo. Pastor así siempre se hace. Todos los pastores hacían así, y bueno creemos que debe ser así.

Analizando los casos
El primer caso. ¿Qué problema tenían los testigos de Jehová? Simple, el problema que tenían para responder mis inquietudes era que no tenían entre sus libros respuestas a mis cuestiones. Es decir sus libros no podían darme respuestas. Y es que sus conocimientos no se basan en la Biblia sino en las literaturas de la Sociedad, aunque digan lo contrario.
El segundo caso. ¿Qué problema tenía el evangélico? Sencillo, los conocimientos que él poseía estaban basados en las palabras de su pastor. “Mi pastor dice”, “mi pastor nos enseñó”, etc. Qué triste sería que un Adventista del Séptimo Día dijera: “mi pastor dice”, “así dice el pastor Bullón”, etc. Los conocimientos del evangélico se basaban en las palabras de su pastor, de un hombre.
El tercer caso. ¿Qué problema tenían algunos hermanos de la junta? Fácil, serían lo que otros habían hecho. Es decir, hacían las cosas porque lo habían visto. Así, sus conocimientos no estaban basados en lo que realmente era sino en lo que otros habían hecho.

El punto de partida…
Todo tiene un génesis, un principio, un origen. La Biblia nos habla de nuestros orígenes. El libro de Génesis por ejemplo, es un libro muy rico respecto a este asunto. El origen mundo, de la vida, del matrimonio, por supuesto, de la maldad en la tierra, pero también, del perdón, podemos encontrar el principio del pueblo de Dios. En fin, todo tuvo un comienzo.
Así, la iglesia de Cristo también tuvo un origen, un principio, un génesis. ¿Y los Grupos Pequeños?
Cuando hablamos de la iglesia de Dios y los Grupos Pequeños, es necesario e imprescindible en verdad, para poder entenderla en esencia, hacer un recorrido histórico a través de la Biblia y del Espíritu de Profecía. Pues, el punto de partida de todo tema, como bien aseveró Horne P. Silva en su definición de culto, debe ser la Biblia, la palabra de Dios.[1]
Así, debemos partir de la Palabra Inspirada. Nuestros conocimientos se deben basar en ellas. En la Biblia y el Espíritu de Profecía. De otro modo, no habrá un valor significativo.
La iglesia está atravesando los momentos finales de la historia universal. Esto parece absurdo en la mente de no pocos. ¿Qué le está pasando a la iglesia? Es importante volver a nuestros orígenes. Volvámosla principio, a la Biblia. Pues volviendo a los orígenes encontraremos un Futuro con Esperanza.

[1]Horne P. Silva, “Un modelo de culto”, Ministerio Adventista (mayo-junio), 2000, 21.

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