miércoles, 18 de julio de 2012

Forme líderes: Multiplique Grupos Pequeños...!


Si la función de un pastor es la un entrenador entonces escoja y empiece a entrenar para formarlos como lideres para iniciar la organización de grupos pequeños.

 I.- Formación de líderes

Antes de iniciar cualquier avanzada para la Grupos Pequeños es esencial que pensemos en la formación de los primeros líderes. Nada podríamos hacer pese a contar con un esquema de trabajo y con las estrategias a seguir, si no disponemos de recurso humano suficientemente capacitado.

¿Cómo escogerlos? Con sabiduría. La misma que proviene de Dios. Y la obtenemos en oración.

La decisión respecto a quiénes nos acompañarán en este proceso, debemos asumirla con sumo cuidado, bajo la orientación divina. El propio Señor Jesús lo hacía. Observe lo que hizo previo a la selección de sus discípulos. “En esos días, Jesús se fue a un cerro a orar. Pasó toda la noche en oración. Al amanecer llamó a sus seguidores, escogió a doce de ellos y los llamó apóstoles...”(Lucas 6:12, 13. Nuevo Testamento la Palabra de Dios para todos).

Tome nota de tres elementos de suma importancia. Primero, la decisión acerca de quiénes le acompañarían, no la adoptó en un abrir y cerrar de ojos. Aunque el Señor Jesús tenía conciencia –al igual que usted—sobre la necesidad de contar con un pequeño grupo de colaboradores, no se dejo mover ni por las emociones, ni los lazos de amistad y menos por el convencimiento humano sobre quiénes eran los más apropiados para asumir el compromiso y misión siguientes.

Segundo, antes de tomar cualquier decisión, llevó el asunto a la presencia del Padre en oración. “Pasó toda la noche en oración con Dios”.

Tercero, comenzó con un grupo pequeño. Usted no requiere “invariablemente” de doce colaboradores. Puede comenzar con dos o tres, quizá con cinco o seis.

Es esencial que tengamos mucho cuidado con la selección del equipo de colaboradores.

II.- Acompañamiento en el proceso de formación

Con frecuencia veo líderes que emprenden tareas eclesiales con un entusiasmo enorme. Sin embargo desisten fácilmente. ¿La razón? Es probable que no hayan estado preparados o tal vez, no recibieron una estrecha asistencia representada en el asesoramiento para el desarrollo de sus tareas.

El acompañamiento es vital. Observe la escena que se produjo en los comienzos del ministerio del Señor Jesús: “Jesús caminaba cerca del lago de Galilea cuando vio a Simón y a su hermano Andrés. Los dos estaban lanzando una red al lago porque eran pescadores. Jesús les dijo: Vengan conmigo. Yo les enseñaré a ser pescadores de hombres”(Marcos 1:16, 17. Nuevo Testamento la Palabra de Dios para todos).

A partir de esta sencilla lectura aprendemos varias cosas. La primera, que el Señor Jesús veía en aquellos dos hombres no a rústicos pescadores  sino a potenciales líderes. A su turno, debe llevarle a considerar  que sus discípulos no necesariamente deben tener titulación profesional.

Usted los formará para que aprendan los rudimentos del evangelio y su proclamación. Conforme lo haga ellos podrán desarrollar su misión. Un segundo aspecto es que el maestro fue enfático en señalar “Yo les enseñaré a ser pescadores de hombres”(versículo 4). Es usted y nadie más que usted quien capacitará a quienes serán los inmediatos colaboradores.

El propio apóstol Pablo veló en todo momento porque el acompañamiento a sus seguidores fuera permanente, compartiendo con ellos el día a día tal como escribió a la comunidad de Tesalónica: “Ustedes y Dios son testigos de que cuando estuvimos con ustedes los creyentes, nos comportamos de una manera santa, justa y honesta. Y saben muy bien que nosotros tratamos a cada uno de ustedes como un padre trata a sus hijos. Los exhortamos,  consolamos y animamos a vivir de una manera que honre a Dios, quien los invita a entrar en su reino y en su gloriosa presencia”(1 Tesalonicenses 2:10-12. Nuevo Testamento la Palabra de Dios para todos).

La mejor enseñanza se imparte con el ejemplo y una presencia permanente al lado del discípulo para conocer y contestar cada una de sus inquietudes.

III.- Fundamental en una sólida doctrina.

En el mercado abundan muchos libros de diversos autores y acerca de infinidad de temas. Admito que yo mismo leo mucho sobre la literatura cristiana que inunda el mercado. Sin embargo he aprendido que no todas las lecturas edifican y preparan a un líder para que ejerza su misión frente a un grupo pequeño

Es necesario retornar a la senda antigua, es decir, aquella que se fundamenta en las Escrituras. Sólo de esta manera tendremos un equipo de colaboradores sólidamente arraigados en la doctrina de Cristo.

El libro de los Hechos señala que tras una poderosa intervención pública de Pedro en Pentecostés “... los que hicieron caso a lo que Pedro decía fueron bautizados. Este día se unieron al grupo de creyentes más de tres mil personas. Ellos estaban dedicados a aprender lo que los apóstoles les enseñaban. Compartían lo que tenían, participaban de la cena del Señor y moraban juntos”(Hechos 2:41, 42).

¿En qué se afirmaban los nuevos creyentes que posteriormente se convertirían en multiplicadores del evangelio? Se fundamentaban en las enseñanzas impartidas por los apóstoles.

Un poco más adelante, el apóstol Pablo exhortó a la comunidad cristiana de Tesalónica “A través de las buenas noticias les hemos enseñado, Dios los ha llamado a la Salvación... Hermanos, sigan fueres y crean en las enseñanzas que les hemos dado, en lo que escucharon de nosotros, y en lo que les hemos escrito por carta”(2 Tesalonicenses 2:14, 15).

IV.- ¿Dónde y cómo se forma a los líderes?

Una estrategia apropiada puede ser a través de una reunión semanal solamente con los líderes. En lo posible, en un espacio neutro distinto de la iglesia.

Es aconsejable que el encuentro no transcurra como normalmente las sesiones que se desarrolla en el templo. En absoluto. Recomendamos que todo se desenvuelva con un cariz de informalidad, sin que esto por supuesto, vaya a restar seriedad y profundidad en el evento.


V.- El objetivo: Reproducir discípulos en otros discípulos

Cuando haya cimientos doctrinales en un líder o discípulo, podemos pasar a la etapa final: enviarles, es decir, ponerlos al frente de un grupo pequeño .

El apóstol Pablo en su carta a Filipos escribe:”Hagan todo lo que les enseñé, todo lo que aprendieron al verme y oírme, y el Dios de paz estará con ustedes.”(Filipenses 4:9).

También en la segunda comunicación que le dirige a Timoteo, escribe: “Has escuchado mis enseñanzas confirmadas por muchos. Ahora enséñalas a creyentes dignos de confianza, quienes a su vez, puedan enseñárselas a otros”(Filipenses 2:2).

Reproducirse en más discípulos es una de las metas a las que necesariamente tenemos que llegar, y vamos a lograrlo con una adecuada preparación de los líderes que serán quienes asuman con pasión el liderazgo de formar grupos pequeños y multiplicarlos.



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